domingo, 2 de junio de 2013

Elizabeth Arden

Maquillaje, sombra de ojos, labiales y... una gran emprendedora



Estoy leyendo un libro genérico sobre biografías (que reseñaré más adelante) pero he encontrado entre sus páginas a esta mujer que merece una entrada en Un Mundo de Biografías.


Elizabeth Arden en 1939 fotografiada por Alan Fisher


Se llamaba Florence Nightingale Graham y era canadiense. Estudió para enfermera y, aunque ejerció brevemente como tal, durante el tiempo en que lo hizo conoció a un bioquímico que trabajaba en una crema para ayudar a regenerar la piel tras sufrir un accidente. Florence pensó que esa misma idea se podía aplicar a la cosmética general.

Se traslada a Estados Unidos, se nacionaliza y se convierte en empresaria. Hasta aquí, una historia normal, pero es que estamos hablando de que comenzó a principios del siglo pasado. Los negocios no son sencillos de llevar exitosamente adelante y mucho menos para las mujeres en aquellos tiempos.

Algunos datos curiosos sobre su vida:
  • Suyos son los conceptos del salón de belleza como lo entendemos ahora, del spa y del cambio de imagen.
  • Generalizó el uso del maquillaje entre las mujeres norteamericanas. En aquellos tiempos el uso de maquillaje en general, se reservaba al mundo del teatro y no estaba bien visto su uso fuera de estos ambientes (¡cómo cambian las cosas!)
  • Inventa el rimmel y la sombra de ojos.
  • Fue la primera en publicitar productos cosméticos en salas de cine.

En 1912 abre su primer salón de belleza donde vendía sus cremas y, para distinguirlo de los demás negocios de la calle donde estaba ubicado, pinta la puerta de color rojo llamativo. Hoy en día está presente en las tiendas de todo el mundo.

Por último, cabe señalar que a nosotros nos suena muy familiar el concepto de belleza integral pero ella fue la primera en defender que el ejercicio, la dieta, el masaje y una postura correcta eran esenciales para la belleza y, por ello, en su salón se podían encontrar multitud de servicios relacionados con esos pilares básicos para la belleza.

Su gran competidora fue Helena Rubinstein quien merece su propia entrada.


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Foto tomada de la página web de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.